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domingo, 10 de marzo de 2019

Juguetes para Grandes: Gabriel Pereira Spurr

Seguirle la pista a Gabriel Pereira Spurr se puede volver difícil; la última vez que revisamos su trabajo fue, apenas, el año pasado con el lanzamiento de "Monopolio" por Super Space Records, desde ese momento Gabriel ha lanzado, al menos, 5 discos más en diferentes sellos y comenzó hace poco un sello propio, bautizado Sotterfugi Editori, con el cual ya ha lanzado trabajos de tres artistas muy interesantes los cuales esperamos poder revisar en detalle pronto.


Tratar de reconstruir los lanzamientos personales de Gabriel puede volverse complejo, no mucho después de "Monopolio" lanzó el disco "Industria",  el cual puede considerarse hermano gemelo de "Monopolio" gracias a su narrativa de caos político, económico y social sustentada simplemente en los títulos de las canciones y los sonidos apocalípticos creados por Spurr. No obstante, Gabriel ha ido explorando también un lado más espiritual — o místico, o como cada quien quiera llamarlo— que tiene como punto clave el disco colaborativo con Hernan Cassiodoro, artista gráfico y músico argentino parte de los recordados Olfa Meocorde. Esa colaboración se titula "Ignis Scriptum" y aúna en cuatro temas largos la a veces crepitante electrónica de Spurr con una serie de instrumentos de viento interpretados por Cassiodoro; el resultado es un equilibrio raro, pero bien logrado, entre la psicodelia/electro y la psicodelia/ancestral.

Se escapan muchos otros y seguramente se han de escapar muchos más, motivo por el cual consideramos importante invitar a Gabriel Pereira Spurr, nacido en Uruguay pero afincado ya hace tiempo en Buenos Aires, a participar en "Juguetes para Grandes; el resultado, no obstante, tampoco es muy aclaratorio, más bien ratifica el ritmo caótico de Spurr solo que desde su ánimo creador interno: Gabriel optó por presentar su trabajo no desde lo material o de lo técnico, sino desde lo intangible, construyendo un relato en base a recuerdos de sus acercamientos no solo a la música sino al sonido en sí. El texto resultante sirve para entender cómo Spurr se aproxima a la composición, algo que viene bien para contextualizar su creciente discografía.

Artista: Gabriel Pereira Spurr.

Un elogio meditado acerca de la espontaneidad y de su consorte la improvisación. El siguiente fragmento puede ser entendido como una de esas viejas transmisiones radiales constantemente fracturadas por la estática. Una vez que la relación con los elementos técnicos se torna fluida no hay salida más gratificante que echar a rodar el vehículo que traslada lo imprevisto. Todavía recuerdo la sensación de haber absorbido sonidos sin el conocimiento expreso de los artefactos que los producían. En ese entonces no sabía que una guitarra y un automóvil tienen seis cuerdas y cuatro ruedas respectivamente y una fuente considerable de posibilidades de emisión. De repente te cubrió el  “discernimiento Russolo”, aunque lo lumínico en ese momento no necesitó explicarse. La explicación, aunque no hubiera solicitud alguna al respecto, llegó después. A medida que se crece nos convertimos (compelidos por el entorno mediato) en una especie de entomólogos y el tedio nos embarga a fuerza de clasificación.


Ese es el origen, el pez no pregunta el por qué de la respiración bajo el agua. La improvisación te convierte en  “sónicoantropólogo interno”, una visión que  ni siquiera es una elección dado que se desarrolla con vigor en los márgenes externos de la aprobación de esquemas musicales-comerciales establecidos con prepotencia (solo defectos de formación pueden haberte desviado de la premisa fría que indica que se “es” nada más que en función de los bienes que se han acumulado). Entonces comienza a definirse como impronta una profunda habilidad para desarmar mecanismos y rearmarlos, pero dejando por el camino un par de piezas o más. Esto da como resultado una entidad en apariencia idéntica a la original pero plagada de matices, con funcionalidades (o disfunciones) diferentes.



Los hechos  musicales o de cualquier índole circulan con la naturalidad que se desprende del respeto o no que les dispensemos. La espontaneidad no debería ser una excepción. El placer en la ejecución (que deriva en la construcción de la “cosa”) hace el resto. Existen planos de retroalimentación verdaderamente tentadores que se asientan en  la ausencia de mapas o guías de desarrollo creativo. Es la diferencia existente entre la película entera y los efectos especiales. Contamos con dogmas que indican que con los años uno y su “arte” se vuelven más reflexivos, y por tanto efectivo, pero ello no necesariamente es así, a no ser que admitamos que la velocidad del poder de reflexión se ha multiplicado de tal forma que puede ser aplicada a “temporalidades instantáneas”, única manera de no anquilosarse.



La zanahoria de la meta es tan potente que perdemos el registro del sendero y es una cuestión más bien extraña pero de “sentido común”; el reino que estrecha, rigidiza y acota los intentos de trascendencia de la “razonabilidad”. Vivimos un mundo “razonablemente razonable” y por lo tanto intrínsecamente “bello” y auto-policíaco (atento a la disidencia y su represión) en su afán de perpetuidad (subyugado por la pulsión erótica de ser numerosamente aceptado). Agazapados como es su costumbre los soldados de la perfección se burlarán de la exposición de cualquier rugosidad dado que están obligados al pulido constante de cualquier superficie que se les presente para con ello alcanzar la naturalidad del plástico. La perfección es demasiado desgastante. Es una tarea arriesgada jugar los boletos a la improvisación y lo espontáneo en el imperio del cálculo. Es una tarea irrenunciable jugar los boletos a la improvisación y lo espontáneo en el imperio del cálculo.


Cuando joven dejé de hacer música durante un lapso prolongado porque sentía que mis ideas eran mucho más interesantes en el terreno de lo posible que en el de la ejecución concreta, y eso fue como tener una nube virtual mucho antes de la red. Las cosas estaban ahí y las tomaba (o no) a la medida de mis necesidades (para difusión de proyectos o pura vanidad); no ocupaban un espacio tangible. El poder de atención de las personas (en este caso en relación a un hecho artístico, pero podría extenderse al general) se ha visto seriamente erosionado por infinidad de mensajes que indican que no hay tiempo. Eso empuja hacia delante; un adelante ciego donde lo importante es ganar tiempo para seguir ganando tiempo. Y coloca a las personas diez minutos delante de aquí (para vislumbrar el resultado) o diez minutos detrás de aquí (en aumento a medida que nos alejamos del punto de partida donde ha quedado el plan original que nos lleve a ese futuro prometedor). Se elimina el aquí en pos de conseguir la mayor cantidad de información en lapsos cada vez más breves. La ansiedad se traslada (cuando uno escucha música, por ejemplo) a la próxima nota, al próximo acorde y eso hace que la percepción se vuelva superficial. La máxima imperante indica que  sólo se puede absorber el hecho artístico en la medida en que sea compatible con alguna otra actividad. Si no sería una pérdida de tiempo. Prefiero perder el tiempo.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Contra las formas impuestas: Gabriel Pereira Spurr presenta "Monopolio"

Hace unas semanas el sello peruano Super Space Records lanzó "Monopolio" disco del músico Gabriel Pereira Spurr. Acompañando ese lanzamiento Wilder Gonzales Agreda, fundador del sello, realizó una entrevista a este músico uruguayo en su portal Peru Avantgarde, recomiendo leerla ya que es una buena manera de conocer en profundidad la historia de este artista. Algo que me resulta interesante en el música de Gabriel es la constante fricción entre momentos "limpios" con un sonido ordenado y otros donde su música parece irse hacia el desvarió psicótico. Este nuevo trabajo explora bastante esa dinámica usando un equipamiento bastante moderado: una guitarra, una armada de pedales y un controlador Midi le son suficientes para ir construyendo melodías bajo una estructura que Spurr define como una " teoría de la construcción fonética: primero el sonido, luego el lenguaje"


Mas allá de ese vaivén constante entre cordura y locura hay que admitir que "Monopolio" es un disco muy bien estructurado, tanto en lo que a cada canción respecta como a la "forma" del disco. Los títulos de las canciones y el sonido hacen que en conjunto el trabajo parezca una saga espacial contada en capítulos siendo la parte mas extensa la "Saga C" que ocupa cuatro temas en total. Sumado a  ese componente "espacial" este es un disco con un contenido político bastante fuerte algo interesante en un trabajo primordialmente instrumental. Esto queda expreso en los títulos de las canciones y en los comentarios que Spurr agrega como nota de lanzamiento en los cuales levanta varios cuestionamientos sobre el orden y las jerarquías presentes en nuestra cultura.



Me queda la duda sobre si las canciones son pensadas con una intención "política"  pero creo que con ese "primero el sonido, luego el lenguaje" queda claro que el sonido precede al mensaje. Entonces, "Monopolio" termina siendo un disco que se aleja del formato general de protesta o critica política en lo musical (donde usualmente el énfasis esta en el lenguaje, en lo que se dice) dando mayor espacio al sonido tal vez como una manera de romper con las formulas clásicas tanto de lo lingüístico como de lo sonoro. Gabriel se libera en cierta medida de esas "formas impuestas" que terminan en muchos casos convirtiendo el mensaje en un estado prefabricado. Es por eso que las canciones logran unidad en la deformidad. No hay un patrón definido,  mientras que temas como "Asteroide Municipal (Disneyworld version)" y  "Las Flores Demócratas" tienen estructuras armónicas mas digeribles "Aphrodisiac Chant" y "La Saga C"  resaltan por su estilo mas enmarañado y complejo.

"Monopolio" es un buen trabajo para acercarse al trabajo de Gabriel Pereira Spurr un músico que logra una propuesta interesante en varios niveles,  se puede enmarcar su música en el siempre fertil terreno de la experimentación en Buenos Aires del que Spurr viene siendo parte como espectador y actor mas bien tímido hace varias décadas. Sin embargo su caso en particular tiene un sentido reaccionario no tan común, al menos de manera directa, en otros artistas porteños (no obstante me viene a la cabeza el disco del cordobes Nonoise79 que mezcla también la experimentación con la critica social y política mas directa). La portada del disco fue hecha por  Hernán Cassiodoro destacado músico y artista quien colaboro en nuestro compilado/fanzine "Desasosiego" además de haber creado otras grandes portadas para su banda Olfa Meocorde.