viernes, 17 de mayo de 2019

Por la canción: Luis Baumann.

Hay dos características  de las canciones de Luis Baumann que me llaman la atención: la primera, el uso de técnicas que grabación casera y de baja fidelidad; la segunda, sus letras, con las que ha ido construyendo todo un imaginario alrededor de la vida en el conurbano bonaerense. Baumann nació y vive en Los Polvorines, un barrio de raíces populares que él viene retratando desde hace tiempo en sus canciones. Este nuevo disco marca un punto culminante —pero no final— de esas dos lineas: el sonido logrado por Baumann es impecable  y una muestra de su habilidad como artista; mientras tanto las letras de "Demasiado pesar para un retablo" (lanzado por Fuego Amigo Discos) muestran una madurez compositiva que genera un efecto curioso: ¿de qué lugar hablan canciones como "Cardos al cardar"  o "Transeúnte"? a pesar de su expresa ruralidad y, aparente, lejanía esas canciones retratan la vida en barrios que no están muy lejos — en términos de transporte y geografía— de Buenos Aires, retratan la vida de zonas que aunque en el papel hagan parte de esa super-urbe llamada Gran Buenos Aires, coexisten en una lejanía histórica, social y cultural. Esa condición ha permitido que ciertos rasgos se mantengan y que otros confluyan, gracias a la posición intermedia de varias zonas del conurbano entre la capital y el interior del país.


Probablemente por eso, ciertas tradiciones que han perdido vigencia, o han pasado a ser mal vistas, en el centro de Buenos Aires aún sobreviven y tienen fuerza hacia las afueras. Este disco es una muestra de esa confluencia entre tradición y recursos que, mirada hacia atrás en la discografía de Baumann, brilla por sus huellas. Ya con discos como "Las canciones del cuaderno naranja" ( disco grabado en el 2002 con una grabadora de periodista, una acústica y una caja rítmica) Baumann mostraba su capacidad para hacer canciones profundas y bonitas; claro, la distancia entre la calidad del registro de ese disco y este nuevo lanzamiento, separados por casi dos décadas, no refleja ni el éxito (monetario), ni la entrada en juego de equipos caros y complejos; de lo que sí es prueba, es de los años de aprendizaje y búsqueda artística. Siempre, al fin y al cabo, lejanías todas: geográficas, sociales y económicas, que aunque pesen no llegan a ser suficientes para aplacar la voluntad creadora.


Yo creo que la cultura musical latinoamericana tiene una fuerza y  una unión, la canción popular que es carrera y materia de estudio, forzó a los géneros cerrados influenciados por las multinacionales que crean música comercial como material de distracción, también ha resistido en lírica y música a las represiones impulsadas por el imperialismo. Siempre florece la raíz originaria de la música a pesar de invasiones y ninguneos; los intentos de destruir la educación pública y la cultura son resistidos por la canción popular aunque se manifieste en géneros ligados a estas invasiones, distintos a los considerados “populares” ( como el Folklore), siempre se renueva y alimenta de todo esto; justamente esa es la intención de querer fragmentar a la cultura popular haciéndonos creer, por ejemplo, que la cumbia no es cultura. Yo creo, sin ser muy conocedor ni culto, que quizás el problema sea que la ausencia de uniformidad es una sensación impuesta que se está rompiendo, y que lo vacío y alejado de una uniformidad cultural puede estar en cualquier género musical: la canción popular puede adaptarse a cualquier género y ámbito. Se puede plantear la expresión de una canción latinoamericana abordando todo sin olvidar de dónde venimos y de qué lado estamos, en lo social, humano, político, cultural...


La tradición trae reglas que a veces encierran, por un lado deben romperse, por otro es una manera productiva de mantener cosas dignas. Si fuera la memoria tradición, habría ciertas cosas que no permitiríamos en nuestra sociedad, todo en pos de hacer respetar una tradición digna y consensuada por una sociedad cultural; pero bueno, como en todo, se es utilizado para mantener pensamientos sumisos de estructuras dominantes que por lo general infunden el miedo a romper lo establecido, esto atraviesa todos los aspectos de la vida, como la música. Por suerte veo que desde muchos espacios se está generando una tradición más digna y libertaria aunque estas dos palabras en la misma oración suenen contradictorias.


Desde chico estoy junto a la guitarra y la canción. Me contuvo y me contiene; me encantan todos los instrumentos y los uso, hasta la electrónica y la percusión, pero no se por qué me imanta la guitarra y crear canciones. Tengo vagos recuerdos de cuando era muy chico: encuentros de mi viejo y amigos guitarreando y hablando de la vida y de la política, hasta había cassettes grabados de esos encuentros, se hacían canciones de Victor Jara, Silvio Rodriguez, Viglietti, etc … No solo lo relaciono con la juntada, la poesía y la melodía... es un acto mágico. Sentí desde el principio que ese era mi canal de expresarlo todo uniendo historias y mundos. 

Noté con el tiempo y las actuaciones en vivo que fue un género difícil de digerir en los circuitos en donde me movía,  pero siempre lo hice y visité todo tipo de espacios y trabajé para que la canción de autor deje de ser un adorno secundario de recitales rockeros; quizás sea un condimento más de mi elección, igual, aceptado o no, no me imagino lejos de la canción y la guitarra.

Siempre hay algo político, sensibilidad, descripción y arraigo; como Don Ata (Atahualpa Yupanqui) desde la descripción del paisaje gaucho – indio hasta la situación política– o sentimientos más profundos de la persona, mismo Violeta Parra, Larralde o Zitarrosa y cientos más. La música aborda todo,  es la cultura de la que venimos hablando, hay momentos más relajados y otros más tensos y eso influye en los temas de los qué hablar en las canciones. En nuestras actualidades la canción mas aferrada al folclore ha tenido fusiones interesantes. En las temáticas se ha vivido una época de cierto snobismo (en la que me incluyo) pero que no dura mucho, son momentos que está bien mientras no sea eterno: " pa’ que no aburra ni sea funcional a un adormecimiento intencionado desde ma’ arriba vio"

La música acústica es mas asimilable para quienes buscan conectarse  con algún tipo de expresión íntima, un instrumento acústico logra otro plano en el sonido, pasan otras cosas, hay aire registrado. La electrónica también es acústica si pasa por un parlante y es tomada por un micrófono, también hay minimalismo (que fue muy bien aprovechado por la electrónica – pop – trap etc..) Hay algo muy interesante en el registro acústico de la música y es que el tiempo viaja de manera sonora, esta esa posibilidad de poder captar un momento especifico y dejarlo plasmado para siempre…  la búsqueda de generar intimidad sonora para contar algo es como mirarte a los ojos para decir algo, es distinto lograr una atención más sensible, eso logra el instrumento acústico para mí, la resonancia en el aire y el cuarto siendo parte de la música y de quienes integran ese momento, o amplificado para mostrarlo en magnitudes más grandes; es algo esencial en la música y por eso está presente en todas las formas de crearla.

jueves, 9 de mayo de 2019

God Pussy: el ruido de un Bra$il bajo la alfombra.

"Retomamos nuestra serie de traducciones de notas y reseñas hechas por el portal brasileño Floga-se, esta vez con un excelente artículo autoría de Fernando Augusto Lopes. La nota original en portugués puede leerse dando click aquí. Me parece importante resaltar el diálogo entre el EP creado por el proyecto de harsh-noise God Pussy y la reseña, que reconstruye los títulos de las canciones a lo largo de la nota; la relación  entre una propuesta musical abiertamente disruptiva y extrema y un escucha atento muestra que los lazos comunicativos van más allá de las palabras:  situaciones (económicas y sociales) complejas requieren respuestas complejas. Hay un momento en el que el discurso plano ya no genera ningún efecto; no obstante,  la cadena entre la polémica por el póster de la gira de Dead Kennedys por Brasil, el EP de God Pussy y la siguiente nota es prueba que aún es posible generar respuestas y llamar la atención sobre la complejidad de lo que nos rodea."

God Pussy: el ruido de un Bra$il bajo la alfombra. 

Desde hace un tiempo la sociedad brasileña se viene alimentando de cualquier tipo de enfrentamiento mediático. El debate es una herramienta constructiva para cualquier sociedad, pero en el caso de la nuestra hay de fondo un problema serio de entendimiento y profundidad. Nadie debate, nadie se entiende, todo el mundo grita: en las redes sociales, en las calles, en los encuentros familiares, todos hablan y nadie oye. Estamos en un aparente callejón sin salida. O como ya se ha dicho: el callejón tiene salida, pero estamos tan cegados por el odio que no podemos ver la puerta abierta.

"Todos cegados por el odio"  es una manera de decirlo. Hay una gran parte de la población que está llena de odio,  babeando una baba elástica y ácida, pero  también hay gente que trata de cuestionarse, de ver más allá de lo evidente,  de debatir con altura y buscar el diálogo y el entendimiento. Y también hay gente haciendo arte explosivo con esas situaciones: Jhones Silva, con su despiadado proyecto God Pussy, es uno de ellos.

Con el EP "Bra$il", este artista carioca asimiló rápidamente otra polémica que se dio en las redes brasileñas. La banda Dead Kennedys se dejo amendrentar  por  la repercusión que causó el póster hecho para  su gira por nuestro país. Cristiano Suarez (diseñador del póster) fue certero al retratar una escena idealizada: una familia de blancos de buena cuna, vistiendo la camisa de Confederación Brasileña de Fútbol, armados y diciendo que adoran el "olor a pobre muerto en la mañana".

Las reacciones, fueran de aprobación o de repudio, inundaron las redes de la banda que, acorralada, se acobardó y canceló la gira. El resto de la historia ya es bien sabida, pero, por si acaso, aquí está el comunicado oficial de la productora sobre la cancelación, explicando el paso a paso de la locura:



Mientras tanto, Silva, indignado por toda esa escena crea este EP para "que la banda punk (?) DK entienda que el pueblo brasileño no solo vive de flores: 12 canciones que retratan parte de nuestras luchas diarias. ¡Brasil no es solo carnaval, samba y fútbol!"


No, no lo es. Tenemos mujeres violadas, personas inocentes asesinadas, niveles de desempleo que alcanzan a millones de personas, un presidente que alimenta un odio estúpido por naturaleza;  sufrimos la perdida de derechos laborales ya ganados,  somos victimas de la inexperiencia militar,  del clamor por la dictadura,  por el racismo y la homofobia;  tenemos que ver el neonazismo tomándose la nación, a la policía abasteciendo las favelas con armas, a un estado que alimenta el crimen, eso sin contar los milicianos cercanos (muy cercanos) al poder y  los medios que, caminando sobre cascaras de huevo, tratan de denunciar a las nuevas cabecillas; tenemos un ministerio público y de justicia (sí, así en minúsculas) partidarizados y consumidos, un ex-presidente convertido en preso político, recortes a la educación universitaria y básica, una reforma a la seguridad social que ataca a los más pobres y nuestras relaciones exteriores sumidas en una ideologización que ha convertido nuestro país en un paria; un estancamiento de la economía y un gobierno dándose golpes de cabeza... God Pussy podría haber hecho toda una seria de lanzamientos sobre ese "nuevo" Brasil aún más injusto y desigual.

Pero "Bra$il"  terminó siendo EP porque logró decir mucho en poco tiempo. Hay quienes todavía creen que aquí todo es hermoso y maravilloso, que creen que este país son las playas, el fútbol y  las postales. A las muchas virtudes naturales de Brasil, se suman las mentes de quienes intentan traducir la  cruel realidad de forma implacable a través de la música, la literatura, el cine y  las artes en general.


El harsh noise de God Pussy está al servicio de ese desahogo, de esa linea.  Su mensaje es certero porque  se transmite incluso sin necesidad de escuchar los temas - aunque eso último sea ineludible. Todo está ahí: hay ruido en la comunicación, hay ruido en nuestra historia, hay interferencia en nuestra lógica, pero  God Pussy no se calla, continúa tratando de explicar lo que el nuevo establishment se esfuerza en ocultar debajo de la alfombra.

lunes, 6 de mayo de 2019

Presentando Sonidos: Danteinferno, la cuestión del tiempo.

A poco de cumplir dos décadas de vida  (y a quince años del lanzamiento de “Happy Easter”, su primer trabajo), los integrantes de Danteinferno parecen haber encontrado un ritmo que los mantiene vivos sin estar siempre juntos. “La cuestión del tiempo es imposible esquivarla — comenta la banda— y es algo aparte, que nos interesa en particular. La composición en Dante siempre fue bastante diversa: zapadas, a partir de bases, a partir de que Pancho traiga algo más armado. Eso la verdad que no cambió. De hecho, fue bastante loco que de la primer juntada que tuvimos después de 8 años, hayan salido unas 8 bases, que a posteriori fueron las bases de la mayoría del disco que grabamos. "

Danteinferno versión 2019, foto por Ruben Gallo

El ahora trío compuesto por Francisco Coelho, Martin Recto y Javier Gerfauo, mantiene a pesar de los años una química de juventud que les facilita reunirse cada tanto a grabar sin mayores pretensiones; en parte así surgió Celeste Lado A, la primera entrega de un disco doble con el cual piensan retomar actividades este año: “Fuimos al campo en búsqueda de algo. Tuvo mucho de ver qué tenía el lugar para decirnos y componer e interpretar a partir de eso. Ese horizonte lejano, los sonidos del campo, el no tener nadie a kilómetros de distancia fue parte de lo que pasó. Hay bastante improvisación en el disco. Generamos un montón de material del cual luego elegimos y, en algunos casos, sobregrabamos. Pancho escribió las letras de algunas piezas ahí. Generamos un estado. Al mismo tiempo, aparte de nosotros, viajó Sofía Peluda, quien registró vídeo. A la noche nos juntábamos y Sofía proyectaba lo trabajado en el día en alguna locación de aquel casco de estancia. Eso era registrado a su vez. Toda aquella dinámica hizo que llegáramos a la sonoridad que se logró.” 


Sin dudas las canciones que registraron para ese "primer lado"  tienen un raro atractivo: suenan crudas pero mantienen un toque orgánico en el sonido, producto, tal vez, del consenso entre lo inmediato de la composición y el estilo de grabación casero hecho con una TASCAM DR 40. No obstante, no se puede aislar a Danteinferno de su espacio: sus integrantes hacen parte de esa pequeña comunidad artística montevideana que se las ha arreglado para reinventarse y mantenerse en actividad en un circuito que no deja de ser limitado, “Creo que el ser de un país chico y con un mercado musical tan reducido te permite saber de antemano que muy probablemente no vivas del dinero que genera tu producción musical, lo que te hace poder vivir tu expresividad con mayores libertades compositivas y sonoras. Aunque ahora pensando, eso también es relativo, porque de repente tener mayor acceso a recursos, te permite manejar más variables para poder expresar tu idea. En definitiva lo que realmente importa es eso, una idea. El resto es manejar tus recursos lo mejor que te salga para poder expresarla.”



Esa necesidad de manejar los recursos, tangibles e intangibles, ha obligado a la banda a expandirse hacia sus fronteras inmediatas: su primer lanzamiento fue un  split con la banda bahiana Soma por el sello brasileño Music Box. Esta edición les permitió, con el formato de trío Coelho – Recto – Mayayo, hacer una gira por Brasil en enero del 2004 tocando en ciudades como Porto Alegre, Sao Leopoldo, Florianópolis, Sao Paulo, Vitoria da Conquista y Salvador de Bahia; el puente no se quemó y en el 2006, 2008 y 2009 volvieron a girar por Brasil. De igual manera, y siguiendo una relación de largo tiempo fraguada entre dos ciudades separadas por un río, durante esa primera época sus visitas a Buenos Aires fueron constantes. 

A partir del 2010 la banda entra en hibernación. No fue sino hasta el año pasado que Martín y Francisco se vuelven a juntar para dar vida a Celeste, un disco que, confiesan, tenían que grabar: “Utilizamos un método que adaptamos a nuestros tiempos y búsquedas, uno que inventamos e inauguramos casi al mismo tiempo, aprovechando todo lo que aprendimos en este impasse. El material terminó siendo grande como para elegir las mejores piezas en dos discos que verán luz en diferentes momentos del año”; ese primer trabajo, motivo de esta nota,  fue lanzado en marzo y el próximo 25 de mayo van a presentarlo oficialmente en vivo, junto con su edición física, en  la Sala Camacuá en Montevideo. De cara al segundo semestre planean lanzar la segunda parte y seguir extendiendo sus fronteras hasta donde las redes lo permitan.

jueves, 11 de abril de 2019

Por la canción: Del Carmen.

Del Carmen es el proyecto de Felipe Ramos, oriundo de Chillan,en Chile. Con este alias Felipe viene explorando una corriente poco común dentro de la música folclórica: la canción campesina. En este caso hay una linea de distinción importante, el solo concepto de canción campesina puede pensarse desde la idea de una comunidad imaginada que aúna las realidades de muchos pueblos campesinos latinoamericanos; me explico, el hablar de canción, o música campesina, nos permite pensar en un mapa geográfico (que recorre todo el continente) y de realidades (económicas y sociales) comunes. La expresión, los instrumentos, el uso del lenguaje pueden ser distintos, pero las realidades en parte son las mismas (y de hecho Del Carmen canta sobre eso en "Siempre los mismos"). Por eso no es raro que entre comunidades alejadas y no conectadas surjan coincidencias (en lo lírico y sonoro), como bien comenta Felipe en esta nota "hay un vínculo entre la tierra y la gente que está expresado en esos cantos". 

En el caso de Del Carmen "su música tributa la tradición del folclor popular campesino de la zona centro-sur, la música de cantoras anónimas y la poesía rural"; las letras de las canciones ahondan en las realidades más inmediatas: el trabajo, la desigualdad social  y económica, la relación con la tierra como espacio de vida y fuente de sustento; temáticas que Felipe rescata desde la simpleza de  su canto y su guitarra acústica.

A comienzos de este año Ediciones Teratológicas editó de manera virtual, y en una edición limitada en casete, "Gallina Negra", un disco  que compila cuatro trabajos previos lanzados de modo individual por Del Carmen, dando así forma a una obra concisa de 18 canciones.  Por tal motivo resultaba necesario invitar a Felipe a esta sección en construcción en la cual buscamos reflexionar sobre la canción, lo folclórico, lo acústico y cómo puede llegar a representar nuestra historia y nuestro entorno.


Aunque no tengo un conocimiento profundo sobre todas las músicas tradicionales de Latinoamérica, creo que se relacionan entre ellas en la medida que el canto tiene una estrecha relación con la forma que tienen las comunidades de comprender el mundo en cada territorio, hay un vínculo entre la gente y la tierra que está expresado en esos cantos.

También hay que considerar la historia que tienen en común los diferentes lugares de América Latina que ha influido en diferentes momentos. En lo más original ha provocado mezclas de distintas tradiciones (originarias y europeas) que desembocan en expresiones musicales con similitudes entre diferentes territorios, y en lo más reciente en movimientos como el de la Nueva Canción, con exponentes en todos los países que toman algo (mucho o poco) de la música tradicional para cantar letras sociales y políticas.



De niño aprendí a tocar guitarra únicamente, por lo que el escribir canciones con guitarra se dio de manera natural, no lo pensé, no me propuse ser un cantautor, yo necesitaba cantar sobre cómo yo veía el mundo, sobre el lugar en el que yo estaba parado en el mundo, y la guitarra estaba ahí. Ahora pienso que la guitarra también forma parte de eso que yo quería cantar. Hace un tiempo empecé a observar y estudiar la relación especial que existe en este territorio entre cantoras o cantores e instrumento, hay un diálogo emocional entre el ser humano con la guitarra que se manifiesta en ritos y en la poética de los cantos tradicionales, desde que comprendí eso y lo sentí, no me veo sin guitarra.

El marco político de lo que conocemos como canción latinoamericana ya no es el mismo, la ideología a la que adscribió no tiene la fortaleza que tuvo, pero el dolor de la gente sigue, y sentir eso hace cantar. Es el motivo más grande. 

Sobre la línea de lo tradicional, creo que en este tiempo es, incluso quizás más que antes, una resistencia importante el acto de conocer tu origen, aprender de los conocimientos de los mayores y situarte a ti mismo en tu propia historia. En ese sentido me gustaría que la exploración musical estuviese acompañada de una valoración a conciencia de nuestra cultura ya que en algunos casos ha estado vacía de eso.

Creo que es preciso hacer la distinción entre canción acústica y canción tradicional, dentro de la primera cabe todo lo que sea en ese formato, mientras que la segunda involucra algo que va mucho más allá del formato musical, pues tiene que ver con la expresión de la cosmovisión de los pueblos. Puede sonar obvio y parecer innecesario referirse a esto, pero de repente uno ve en medios de comunicación que tienen llegada a muchas personas que tal o cual artista está incursionando en lo tradicional de un territorio, cuando a lo mucho tiene un “aire a” o, en el peor de los casos, va disfrazado de algo. No es que condene la fusión, creo que si a uno le llega algo en particular de una tradición puede tomarlo y trabajarlo artísticamente en lo personal, pero es necesario ser claro y diferenciar una propuesta artística de una expresión originaria. Al final terminan por invisibilizarse las tradiciones de las cuales uno aprende, y hay que cuestionarse si uno está participando de eso. 

Así creo que hay que distinguir entre canción latinoamericana y canción tradicional (o folklórica si se quiere), ya que la primera tiene que ver con una noción de un canto que, si bien mira hacia la raíz, su contenido es principalmente político, en tanto que el canto tradicional se define por ser la expresión cultural de una comunidad.

martes, 9 de abril de 2019

Juguetes para grandes: María Emilia Pérez (Vermillion)

Aunque María Emilia Pérez nació en Venezuela viene  moviéndose por varios países de Latinoamérica durante los últimos años. Ese periplo es parecido al de otros artistas venezolanos que han ido dejando el país, y tampoco es ajeno al éxodo generalizado del pueblo venezolano durante el último tiempo. En ese recorrido María ha ido mostrando y perfeccionando las creaciones de su proyecto personal: Vermillion. Aunque su producción musical aún está en desarrollo — a la fecha María ha lanzado tres composiciones largas a través de Bandcamp — cada una de estas piezas cuenta con una construcción sonora precisa: sus temas suelen estar segmentados reflejando las influencias del proyecto más allá de lo musical. Hay en cierto modo un interés por construir una narrativa a través del sonido en Vermillion, aunque esa narrativa dirige, en buena parte, hacia la pasión de María por las culturas asiáticas, los temas que vienen surgiendo de sus viajes por Ecuador, Chile y Argentina (uno de los cuales presentará en esta nota) muestran una relación más directa con su entorno y sus experiencias de viaje.



Nombre: María Emilia Pérez
Proyectos: Vermillion
Equipos: Notebook (laptop), grabadora de mano, micrófonos de contacto, procesadores analógicos de señal, instrumentos de percusión y controladores midi.

Vermillion es un proyecto que surge a mediados del 2016 con la idea de representar paisajes e historias sobre varios aspectos de la cultura asiática. Formalmente, el proyecto se compone a través de procesos de grabación y edición en DAW´s. En el 2017 realicé un instrumento con materiales reciclados, cuerdas de bajo y un piezo eléctrico. Desde ahí empecé a enfocarme a crear estos “sonidos” a través de estos instrumentos con la ayuda de micrófonos de contacto para amplificarlos y procesarlos.



La música  electroacústica y concreta estaba llamando mi atención,  y es ahí de donde he obtenido referentes imprescindible para la composición sonora. Un ejemplo de la utilización de estos instrumentos con materiales reciclables es una composición que hice para una presentación en Quito, Ecuador.




A partir de allí, en el 2017 empecé a trabajar más sobre la música electroacústica y la idea de poder experimentar libremente sonidos de la cotidianidad con aparatos electrónicos. Texturas, paisajes sonoros y ruidos son los principales elementos que se pueden notar en esta composición.




Al presentarme en vivo, lo que más me interesa es la posibilidad del error y el arreglo, el tener a la mano elementos que me permitan conducir la improvisación a nuevos lugares, partiendo del material previamente recolectado y generar atmósferas que pueda jugar con los límites del concepto de Vermillion. Reaper y Renoise son dos de los programas que tengo a la mano siempre para el procesamiento de audio y los live sets, la generación de notas pedales o drones, la creación de sonidos percutivos que en conjunto me ayudan a buscar una estética sonora en base a la cosmovisión musical asiática de instrumentos como el tsuzumi, el taiko y el koto.

Considero que la experiencia y el replanteamiento constante de las limitaciones de mi proyecto, me ha llevado a explorar otras tecnologías digitales y analógicas, tanto desde la programación hasta la construcción de circuitos analógicos, los cuales voy implementando paulatinamente al proceso que llevo.

jueves, 28 de marzo de 2019

Por la canción: Franco Licántropo.

Durante los últimos años ha habido un gran aumento en los proyectos musicales acústicos en Latinoamérica. Este hecho, que no se limita a una sola generación ni país, resulta interesante en un contexto como el actual en el que el acceso a modalidades de grabación de alta fidelidad es posible incluso desde casa. Por eso surge este nuevo espacio llamado "Por la canción", en el cual queremos empezar a indagar en las motivaciones que llevan a diferentes artistas a optar por enfoques puramente acústicos y sin mayores retoques.

Latinoamérica tiene una historia profunda alrededor de tradiciones musicales ligadas a lo acústico: la música protesta, la canción folclórica, la música campesina, son algunas de las lineas de esa tradición  que dentro de un amplio espectro se puede englobar, tal vez, bajo la idea de canción latinoamericana. No obstante, cada linea es distinta y responde a realidades históricas, musicales y sociales distintas lo que hace complejo marcar limites o separar aguas. Pero ante la realidad, la no desaparición de un estilo musical y de composición, pensamos necesario invitar a reflexionar a lxs creadorxs en torno a qué representaciones, tradiciones y motivaciones hay detrás ese impulso.

Nuestro primer invitado es Franco Licántropo, nacido en Concordia, Entre Ríos, y radicado hace ya varios años en  La Plata. El año pasado escuchamos su trabajo y mencionamos sus canciones en una nota en la que ya se anticipaba nuestro interés por analizar el fenómeno de la canción latinoamericana (la nota se llamó "Trovadores de la Periferia" y se centró en músicos del Gran Buenos Aires). Franco tiene un amplia discografía  que a fines del año pasado sumó un disco doble titulado "Pakermas", compuesto por una primera parte más eléctrica y una segunda donde, el mismo Franco admite, "suena su esencia": guitarra acústica y voz a través de un micrófono.


Primero. La noción de canción latinoamericana ¿cómo se puede definir? Hoy en día, sobre todo, es difícil. Por un lado, por la globalización, se desdibujan los límites donde nos situamos para expresarnos. Por otro y junto con ella, la tecnología. Ya no es una banda o desde una guitarra. La música electrónica trajo nuevas posibilidades musicales. Segundo. Latinoamérica es un nombre que fue dado desde Europa, tenemos esta historia de colonialismo que nos trae hasta hoy. Desde esta historia hablamos (o no), desde este punto, mas algunos elementos, como las guitarras acústicas, lo popular, ritmos nativos (y la influencia de la música de rock, el folk, la industria de la música, que también es parte del colonialismo en occidente), surge la canción Latinoamericana en su forma que tal vez podamos reconocer como común. Pienso en Mercedes Sosa, Violeta Parra, Victor Jara, León Gieco y muchxs más.

Hoy puede pasar que alguien que vive en Argentina, Ecuador o Brasil  cante en inglés, o en otros y más idiomas. O que alguien no cante palabras. ¿Por eso no debería llamarse latinoamericana? También, las temáticas pueden ser cosas que pasen en todo el mundo. O que las realidades del mundo sean cada vez más comunes para todas las personas, siendo difícil diferenciar desde donde se canta. Más allá del idioma. Violencia hay en todos lados, explotación, machismo, guerras, hambrunas, desempleo, control social, depresiones, problemas existenciales. Pero tambiénn está el amor, la alegría, las ganas de juntarse con gente, de creer en las personas, compartir con la gente que se quiere, esas cosas también las encontramos en todo el mundo, por la simple razón que son humanas. Tal vez la canción latinoamericana se está globalizando, aunque todavía podamos reconocer elementos que la sitúen en estas tierras. Da para desarrollar bastante, pienso en músicxs que ni siquiera viven aquí, viven en otro continente y hacen música latinoamericana. Pasó en los 70 con exiliadxs y hoy con muchxs más.

Creo que se pueden expresar las realidades que nos interpelan de muchas formas, me importa que sean genuinas, eso creo que las sitúa, también es importante que podamos ver la historia que nos trae hasta el presente, las vistas cercanas y las lejanas, lo cercano y cotidiano y lo del otro lado del mundo. También creo que hay músicas en lenguas indígenas que no suenan en el oído de las ciudades que son parte de esto mismo, que quedan por fuera y que deberíamos conocer, revindicar, compartir, incorporar. Generar aperturas es otra cosa que podemos hacer. Mezclar todo y abrir a nuevas posibilidades.


También podemos pensar en una continuidad histórica. Para mi no nace necesariamente en Latinoamérica. Es humana y muy antigua, la música nos acompaña desde hace miles de años. Violeta Parra rompió con una forma de hacer música en Chile que le enseñó a muchxs cantautorxs cómo crear música y expresarse con ella. Se mezcla la trova con los bailes populares, las canciones escondidas, las camufladas, las de noche, las no comerciales, hasta llegar al presente que está lleno de información por todos lados y mucha música, tanta que no podemos conocerla toda. Mucha gente auto-produciéndose, inventándose. Es un momento histórico de la humanidad. Inédito. Pero la globalización creo imaginería muy peligrosa que no nos lleva para lados copados, como esa relación entre la música y la fama, las superestrellas, cosas que no nos dejan nada. Entonces tenemos que replantearnos esa relación con la música, tal vez primordial, de encuentro profundo, como espiritual, energético con otras gentes. 
De ahí, de esos lugares de cercanía, creo que tiene que ver la canción acústica en Latinoamérica. Pero está cambiando todo el tiempo así que no sabemos que va a pasar con esa tradición. Algo que siento que me pasa cuando escucho a Violeta Parra o a Milton Nascimento es que me animan a cantar, me invitan a expresarme, a comprometerme políticamente con la música y con la vida, me recuerdan la potencia de la música. Eso puede ser otro elemento de esta tradición o cuestión sobre la música latinoamericana.

La guitarra fue el primer instrumento que aprendí a tocar. Una guitarra vieja de un abuelo. Que yo pensé siempre que la había comprado para sus hijxs pero hace poco un tío me dijo que se la había comprado para él mismo. En mi familia materna siempre estuvo muy presente la música. Se ve que es un legado que viene de su lado, y ahora que sé esto de mi abuelo, estoy haciendo algo que él quiso hacer y nunca pudo. Y bueno, luego me puse a armar bandas y a tocar así, bastante instrumental, detrás del instrumento, guitarra eléctrica, también producir con una compu, pero en una de esas, una de tantas, guitarreando con la criolla surgió: ¿por qué no?, ¿por qué no componer y cantar desde una guitarra?. Mezclando toda la música que quiera, pero tocando unas cuerdas. Para todo esto pasaron como 10 años para que lo haga. Terminó siendo tocar con el instrumento más familiar de mi vida. Y ahora que lo pienso mejor, me conecte más con la historia de latinoamérica.  También los viajes me motivaron a tocar y cantar así. Conociendo músicas de otros países, de Brasil, Uruguay, Chile, México, Cuba, de todo el mundo en realidad, me encanta conocer música nueva siempre. Me inspiro en muchas personas que con todo su amor cantan, me conmueven, me atraviesan y me invitan a cantar y contar.

Lo político está siempre, aunque no se le refiera directamente, hasta en canciones románticas aparece lo político. Luego, lo folclórico ¿qué sería? ¿Referido a lo campesino?  ¿Al pasado? ¿A las tradiciones? ¿A lo popular? Si fuera eso podemos ver cómo aparece la música referida a la vida de ciudad cosmopólita, a la influencia de la globalización, el siglo XXI, las redes sociales, la tecnología, Internet, la exageración de formas de consumo y producción, la conciencia de la destrucción del planeta, el reconocernos como especie planetaria, pienso en las alternativas en alimentación, en el relacionamiento con otrxs animales y plantas, las cuestiones de género, las voces trans, lo andrógino, las migraciones, las construcciones sociales contadas como tales, el control social, la autovigilancia, puff, hay muchas formas y territorios aún por explorar.

viernes, 22 de marzo de 2019

Cuerpos en el exilio: Puna lanza "Sukha "

La música instrumental representa un paradigma interesante en el panorama musical actual; durante las últimas décadas se ha convertido en un fenómeno común en casi cualquier género y país. Lo interesante es que ante un mercado delineado cada vez más por las fronteras del lenguaje y los poderes nacionales de la industria, lo instrumental parece circular por terrenos, relativamente, más libres: la ausencia de una lengua como marca permite que su consumo esté dado por una experiencia puramente musical y no localizable, de primera mano, en ninguna tradición o geografía. Desde hace más de una década Puna viene siguiendo esa linea, aunque se les puede ubicar dentro de múltiples géneros su música resiste clasificaciones y se asienta en lo que yo llamaría simplemente instrumental.  Creo que ellos son conscientes de esa situación, su nuevo disco, Sukha, abre con dos poemas de Jorge Eduargo Eielson los cuales remiten justamente a esa idea de no pertenencia o insustancialidad: "no tengo patria ni corbata, vivo de espaldas hacia los astros".


Esas lineas son la primera clave, la siguiente puede ser el título de este trabajo: "Sukha, comenta la banda, es un nombre poco común, que en sánscrito y pali significa placer, tranquilidad, felicidad. Sukha es un estado de calma para llegar a la concentración y a las absorciones meditativas. Sukha en quechua se traduce como atardecer. Estos dos significados se fusionaron y dieron nombre a nuestro álbum titulado “Sukha” (Placer_Atardecer)”. Más allá de lo musical, Puna muestra una preocupación por el lenguaje y los significados que los saca de su realidad como banda peruana.



Para entender mejor cómo han ido dando forma a su visión sonora del lenguaje hay que hacer un poco de historia: Puna comenzó en el 2008 en el distrito limeño de Pueblo Libre, en poco más de una década de existencia han pasado por  este proyecto una serie de músicos de gran talento y nombre en la escena electrónica y experimental peruana. Sus primeros dos lanzamientos fueron dos EPs,  "Medio Día en la Luna" (2010) y "Madrugada Del Fin" (2011), los cuales fueron reunidos en el 2013 por Dorog Records en un solo disco; luego vendrían otros singles, compilaciones y discos ("Au Dial" del 2014 fue el anterior), pero no me interesa hacer historia (recomiendo, si hace faltz,a leer algunas de las notas que he hecho sobre Puna durante los años donde se puede tener, tal vez, una perspectiva histórica más amplia) sino mostrar cómo desde esas primeras canciones han ido evolucionando hacia un sonido propio que amalgama no solo géneros sino significados.


Ese proceso puede verse, creo yo, en dos detalles: las unidades sonoras y los títulos de las canciones. Mientras que sus primeras canciones tenían títulos más precisos y sonidos más "ensamblados", progresivamente la música de Puna ha ido alcanzando un estado etéreo en esas dos dimensiones. Este nuevo álbum lo muestra bien en esa unión entre unidad sonora y mínimo significado que bien representan canciones como "Substancia", "Niebla" o "Unanulaluna", en las cuales la idea de lo inalcanzable, lo poco perceptible, aquello intangible pero omnipresente, se hace presente.

Aunque pasaron cuatro largos años desde "Au Dial" — eso si con un compilatorio de "rare tracks" en medio— la transformación de Puna muestra un trabajo poco común sobre su propia música: manteniendo una esencia reconocible han alcanzado un sonido cada vez menos definido que se mueve libremente por el ambient, la experimentación y la electrónica. La interrelación con la poesía no es aleatoria; más bien muestra  una preocupación por la banda de transgredir el sonido de la misma manera que la poesía, en algún momento, transgredió la palabra.

Sukha fue compuesta por:  Jorge Rivas O Connor  (guitarras, bajos, sintetizador, controladores, voces y efectos), Alexander Fabián Gómez  (teclados y voces), Leko López López  (batería y sintetizador) y Alfonzo Noriega Reto  (teclados y efectos). El lanzamiento virtual y físico fue hecho por Chip Musik Records y Dorog Records.